¿Qué está pasando? Sobre el fin del mundo y su reconstrucción
En los últimos años me he hecho mucho esta pregunta. ¿Qué está pasando en el mundo? La idea me rondaba unos meses antes del confinamiento en 2020 y hacía un diagnóstico: ¡el mundo se está acabando... cada vez hay más incertidumbre y el sistema entero se cae! Me gustaba fantasear sobre el fin del mundo. ¿Cómo sería? ¿Tendríamos el privilegio de colapsar románticamente contra un planeta melancólico y acabar de golpe con todo? O ¿tendríamos que soportar un largo y tortuoso final en el que después de acabar con los recursos del planeta nos arrancaríamos la piel entre nosotros? Divagando en estos rumbos, terminaba recordando cuantas veces en mi vida he escuchado al mundo declarar su propio fin: el Y2K en el 2000, la profecía de los Mayas en 2012… y también las que no he presenciado, pero que abundan en la historia de la humanidad: cada fin de siglo, cada peste, cada guerra. Vivimos profetizando el fin del mundo que hemos creado, tal vez por la permanente sensación de fracaso inevitable. Pero sin embargo, el mundo sigue girando.
Cuando llegó la pandemia, recuerdo observar desde el balcón de mi casa el horizonte de una ciudad caótica detenida y pensar: ah, así era… qué manera tan particular de terminar esta historia... en silencio, en quietud.
No se acabó. Acá seguimos. Sin embargo, la pregunta fundamental sigue vigente. A pesar de haber atravesado este conato de fin, la sensación de colapso, de destrucción, no se va.
No se va porque es inevitable percibir ese colapso a través de la propia vida. Nuestra experiencia en el mundo nos llama de manera incesante a alcanzar otro modo, una nueva forma de dar sentido a nuestra experiencia humana. Los esquemas inventados se nos han quedado cortos. Las instituciones, la educación, los vínculos, la economía, la política, las comunicaciones, el conocimiento, todo se desvanece como algodón de azúcar y no nos queda más que mudar de piel como humanidad.
Entonces la respuesta a la pregunta se vuelve una invitación. ¿Qué está pasando? Lo que cada uno decida hacer de esta nueva etapa de la historia. El lienzo en blanco está listo. Pero debemos desenterrarlo de la capa de sangre y barro que nuestro caos le ha puesto encima. Salir de viejos patrones que nos limitan hacia una exploración creativa que dibuje un nuevo horizonte, es ahora nuestra única tarea. Tal vez no alcancemos a llegar a ver esa nueva realidad en nuestra experiencia mundana porque este es solo el comienzo. Pero si no lo hacemos con toda la confianza y compromiso de quien se sabe haciendo una gran obra de arte, se retrasará aún más el resurgimiento al que estamos llamados.
Salir de la visión estrecha, del mundo chato -usando la figura de Ken Wilber-, es la invitación que nos llega todos los días a través de las dolorosas noticias de “lo que pasa en el mundo”. Son un recordatorio de lo que está llamado a desaparecer. Y entre esos escombros los tesoros, las joyas escondidas que nos permitirán comenzar a gestar una nueva humanidad que reconoce su verdadero ser y que actúa desde el corazón.
Mantener la esperanza mientras se desvanece el mundo tal y como lo conocemos es difícil. Sin embargo la fuerza de lo esencial se abre paso en el desierto y florece. Confianza en lo que somos, confianza en lo que podemos. Además porque ¿en qué más nos vamos a gastar la vida?


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